LOS DIOSES DE ORO

(PRÓLOGO)

El texto de las primeras hojas de cualquier libro suele contener la justificación del autor, como pidiendo disculpas, sobre porqué se decidió a escribir una historia para que alguien antes o después la lea, la critique o la tenga en una estantería. La llamada a la escritura por mi parte es algo ambigua, pues no soy buen escritor de novela y no me gusta la lectura de crónicas periodísticas de viajes, llenas de glamur, cadenas de hoteles y buenas intenciones. La lectura de foros y redes sociales, aunque tiene información básica del lugar que tienes que visitar me provoca una sensación de falta de ánimo por parte del autor, una escritura al vacío que dista mucho de lo que me gusta leer.

En cambio, la escritura me produce dos efectos: me evade de la realidad de mi entorno y, posiblemente ayuda a otras personas a evadir la realidad del suyo. Estamos, pues, en el mismo universo aunque no nos conozcamos y nos distrae mediante la palabra, a la vez que avanzamos en el tiempo. Como autor existe la dificultad de encontrar un estilo de escritura, un tema sobre el que escribir y un escenario que se adapte (y sea creíble) a la forma en la que honradamente nuestro lector nos ha depositado su confianza. Por ello he decidido contar un viaje que hice a China el año 2010 de la mejor manera posible, con datos reales de los lugares que visité y la experiencia del viaje a una de las zonas de desarrollo más rápido del planeta.

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